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Las conquistas de la yihad

Las conquistas de la yihad

LA YIHAD, O ESFUERZO, EN GENERAL se refiere a tres niveles de lucha que deben afrontar los musulmanes: en su fuero interno para persistir con rectitud en el camino de Dios durante toda la vida; en sociedad, para construir una buena hermandad musulmana; y militarmente, para defender el islam de las agresiones externas e imponer la paz. Este último nivel, controvertido hasta nuestros días, es el que en sus primeras décadas de existencia favorece la expansión del islam, aunque no es imposición por la fuerza de la religión sino crecimiento y extensión del Estado islámico.

Cuando Alí es acusado de haber instigado la muerte de su predecesor en el califato, su poder es contestado por Muawiya, miembro de la familia de los omeyas y gobernador de Siria desde la época del califa Ornar. Ello desencadena una guerra civil que concluye con el asesinato de Alí en el 661. En ese momento, Muawiya es proclamado califa, con lo que se inicia el período de la historia del islam conocido como califato Omeya.

Muawiya continúa la política expansionista de sus predecesores, aunque ahora sitúa la sede del califato en la ciudad de Damasco, en Siria. Por Oriente, se adentra en Asia Central; en el Mediterráneo, refuerza su presencia; mientras que por el norte se adentra en el Imperio bizantino. Sin embargo, sus políticas internas pronto lo diferencian de los califas ortodoxos y trazan las líneas que definen el califato de su dinastía. A imitación de los emperadores sasánidas y bizantinos, establece su propio poder personal y el de su entorno como indiscutibles, realzándolos con fastuosidad. También para emular a estas civilizaciones, promueve la construcción de palacios y mezquitas. Además, dota a los consejos tradicionales de un fuerte carácter tribal y centraliza el gobierno con la creación de una cancillería y de un servicio postal. Finalmente, rompe con la tradición al disponer que su hijo Yazid sea su heredero. Todas estas medidas le acarrean duras críticas, pero también un poder indiscutible.

A la muerte de Muawiya en el 680, al califato Omeya de Damasco le esperan setenta años de expansión territorial y de difícil equilibrio interno.

En su máxima expansión, llega a dominar Irán por el este, adentrándose hasta Afganistán y China, mientras que por el oeste conquista el Magreb y la península Ibérica.

A nivel interno, el califato debe hacer frente, sobre todo, a discrepancias sucesorias dentro y fuera de la familia Omeya. Este es el motivo que desencadena su caída en el año 750. En cambio, los pueblos sobre los que se impone no le representan mayor problema, puesto que los califas actúan más como administradores del territorio que como líderes religiosos, evitando los conflictos por motivo de credo.

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