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¿Qué era el cristianismo celta?

¿Qué era el cristianismo celta?

COMO PROVINCIA ROMANA QUE ES, aunque alejada de la capital, Britannia se convierte al cristianismo alrededor del siglo IV d.C. Pero con la llegada de los sajones, anglos y jutos y la partida de las legiones a principios del siglo v, la recién difundida religión del Imperio sufre la misma suerte que el resto de la cultura romana: desaparece del territorio.

Sin embargo, la parte occidental de la isla, donde los reyes invasores no logran establecerse, se mantiene cristiana. Lo curioso del caso es que al verse prácticamente aislado del continente, el cristianismo de los bátanos se desarrolla de forma distinta al del resto del mundo, dando origen a un cristianismo celta con particularidades propias.

El cristianismo de los bótanos no tarda en expandirse hacia Irlanda.

La evangelización se atribuye a san Patricio, un monje britano que logra predicar el evangelio entre los numerosos clanes controlados por los druidas. Para respetar las tradiciones y costumbres locales y evitar enfrentamientos, su tarea consiste en formar un clero local y fundar comunidades cristianas en equilibrio con los poderes preexistentes. Este modelo de cristianización explica que durante el siglo vi los monasterios y las abadías pueblen todo el territorio cristiano celta: la religión se organiza en torno a los centros monacales en lugar de las diócesis; los obispos son abades; y la familia es la pieza fundamental de la estructura monástica, llegando al extremo de que el cargo de abad se convierte en hereditario.

En el siglo VII el cristianismo celta vive una nueva expansión gracias a la evangelización de Escocia por parte de monjes irlandeses. San Columba llega a la tierra de los pictos en la segunda mitad del siglo vi y establece en la isla de lona una abadía que se convierte no solo en un centro de formación de misioneros y foco de cristianización, sino también en el único espacio de cultura letrada de la zona y en un área de actividad diplomática entre las distintas tribus locales, lo que confiere muy buena reputación y una fuerte influencia a su persona.

Los misioneros celtas también llegan al continente y, además de fundar monasterios, transmiten la idea de la caducidad del mundo y la perfección de la vida monacal al cristianismo romano.

Por su lado, la parte anglosajona de Britannia también acaba por cristianizarse, gracias a la vocación evangelizadora del papa Gregorio Magno, que a finales del siglo vi envía al monje benedictino Agustín a Gran Bretaña para que convierta a las cortes de la Heptarquía. Agustín es bien recibido por Ethelberto, rey de Kent, y su esposa, lo que le permite instalarse en la ciudad de Canterbury, que pronto se convierte en el centro de la Iglesia de Gran Bretaña y en su base misionera.

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